El amor y el día de los enamorados

¿Por qué a veces sentimos que el amor nos abandonó? ¿Por qué no encontramos sentido a nuestra vida sino tenemos un compañero/ a? Quédate unos minutos conmigo leyendo este post y te daré mi respuesta a estas y otras cuestiones.

Foto, Fuente: Pixabay

¿Qué es el amor?

El amor es el sentimiento más sublime que podemos experimentar. Nace de las más puras intenciones y es una energía que tiene su origen de la fuente más noble. Sin embargo, hay una diferencia entre dar amor y recibir amor, está claro. Si experimento una vida dónde hay manifestaciones de amor desde quienes nos rodean hacia nosotros, es claro que en algún momento de nuestras vidas hemos sembrado la semilla del amor. Ya sea hacia quienes nos lo manifiestan en este presente, o hacia otras almas que fueron los destinatarios de ese amor.

Hay un viejo adagio que dice que no podemos recibir el fruto de algo que no sembramos.

Así que si quieres experimentar amor en tu vida, puedes comenzar a dar amor, aquí y ahora hacia quiénes te rodean y entonces probablemente no te hará falta en un futuro cuándo lo necesites. Digo probablemente porque en las «matemáticas del amor» las variables se multiplican y puede ser que hayas dado una clase de amor hacia determinadas almas, pero que no hayas sido muy amoroso por ejemplo con tu pareja o tus amigos.

No obstante, la única y verdadera necesidad que tenemos es la de dar amor, no tanto el recibirlo. En realidad el recibirlo está implícito en el darlo. Piensa en la persona que más belleza aporta a tu vida, ya sea una pareja o un amigo/ a y verás que los momentos más trascendentes que tuviste, si lo visualizas, estabas compartiendo el amor, no era solo recibirlo unilateralmente lo que te hacía más feliz, sino entrar en una «comunión» de amor en la que había un intercambio de este sentimiento maravilloso, ya sea en forma de palabras, pero más de actitudes y hasta silencios dónde el respeto por los sentimientos y el ser de la persona amada le daban sentido a ese momento; haciéndolo mágico.

¿Cuántas clases de amor hay?

Cómo hemos esbozado en los párrafos precedentes. El amor, no solo es definido cómo aquél que le damos a una pareja. Hay distintas clases de amor y todos pueden satisfacer casi todas nuestras necesidades de dar y recibir amor.

¿Por qué digo que pueden satisfacer todas las relaciones, casi todas las necesidades de dar amor? Porque un amiga por ejemplo, o un padre o una madre, no comparten las mismas situaciones que una pareja por ejemplo, pero si miras en el fondo de la cuestión, la esencia, la fuente divina de la que sale ese amor, es el alma. Y el alma es amor, una de las cualidades originales de esta es el amor. Y por lo tanto, el alma, solo necesita ser lo que es nada más, no debiera hacer o adoptar unos usos y costumbres determinadas para dar amor, porque repito, el alma es amor.

No obstante, adoptamos ciertas preferencias y manifestaciones de amor frente a nuestros seres queridos, porque aquellos tienen determinadas necesidades en sus vidas y entonces sabemos que la cooperación es una poderosa manifestación del amor y entonces ayudamos a que nuestros seres amados satisfagan sus necesidades profundas cómo muestra del amor que les profesamos. No obstante, debiéramos tomar conciencia entre la diferencia de ayudar a nuestros amigos a satisfacer sus necesidades y hacerlos dependientes. Porque vivimos en una cultura en la que parece que para demostrar nuestro amor tendemos a volvernos un amortiguador del viaje de nuestros amigos, parejas, hermanos, etc. y buscamos evitar que ellos sufran, incluso los menores traumas.

Está claro que esta no es manera de ayudarlos, porque lo único que hacemos aquí es evitar que ellos tengan su tiempo de aprender de sus errores, para luego evitar reaccionar nuevamente de la misma forma disfuncional que les generó ese desequilibrio emocional o malestar. Lo que hacemos es suponer que le hacemos un bien a nuestros seres queridos evitando que tomen conciencia de sus deficiencias emocionales.

Pero no es así. Por ejemplo, yo no tengo pareja, y siento que tomar conciencia de mi decisión de no tenerla, en este San Valentín, me ayuda a darme cuenta de que todas las decisiones que tomamos, ya sea que nos favorezcan o no, tienen sus consecuencias. Y que siempre debemos renunciar a algo o a alguien para obtener un beneficio incluso mayor.

Es por esto que recuerdo que elegí no tener pareja porque me entregué a Dios. Y que si bien, tengo unas pocas, pero muy buenas amigas, no puedo sufrir por mi carencia de la experiencia del amor romántico, porque no tiene sentido. No puedo sufrir por aquello que decidí en mi vida, y de una forma libre, sin coacciones de ningún tipo. Porque sería de pronto llorar por lo que me hace feliz, que es experimentar todas mis relaciones con Dios.

El tema es que hay sufrimiento cuándo hay apego. Y el apego, es producto de que todavía me falta entender algo. De que todavía estoy viendo mi vida, con una visión ordinaria de mí mismo y mis posibilidades, sin comprender que Dios vino a liberarme del sufrimiento, y que el apego a los cuerpos, especialmente a los de aquellos que son más cercanos, generan sufrimiento, porque puede ser que aquellos seres corporales, estén hoy, pero mañana, ya no estén más porque se mudan, porque se enferman y mueren o porque muere nuestro vínculo.

Nada es para siempre en el mundo físico, porque todo lo físico está sujeto a las leyes de la termodinámica, que enuncian que la energía no permanece para siempre en el mismo estado, nada se pierde, todo se transforma, el ser amado puede ya no estar más con nosotros físicamente, pero tomará una nueva forma física, con unas nuevas (o no tanto), relaciones y continuará su historia aquí en el planeta azul de acuerdo a su karma.

Por lo tanto, desde este punto de vista, no tiene sentido llorar, por algo que se eligió libremente.

¿Cómo sentirnos plenos en este día sino estamos en pareja?

De acuerdo a lo que veníamos hablando, es fácil comprender, que, si no tenemos pareja porque nosotros lo elegimos voluntariamente, o porque de momento no llegó la persona indicada, no debemos perder la paciencia y la tolerancia a la frustración por no ser parte del sistema. No tenemos porque hacer las cosas cómo lo hace la generalidad de las personas. Podemos ser originales, y de pronto no sufrir porque estamos solos, desde un punto de vista físico.

¿Necesitamos realmente del contacto físico?¿Si todo lo que somos en esencia es inmaterial e inmortal, no es una paradoja que seamos infelices porque no recibimos manifestaciones físicas de amor? ¿No es más bien una desilusión producto de que nuestra vida no luce cómo la que dicta la sociedad o tal o cuál persona? ¿En definitiva, no venimos solos y nos vamos solos? ¿No son estos dos actos, el de nacer y el de morir los más trascendentes de la vida? ¿El resto, no es un regalo producto de cómo nosotros tratamos a la vida?

Si sentimos que la vida no es justa, no estamos en lo cierto, porque la vida nos devuelve exactamente la misma calidad de energía que le enviamos. La cuestión es aquí no sufrir, porque si estamos en paz con la vida, en algún momento, tarde que temprano, la vida nos dará la posibilidad de ser felices y sentirnos plenos con o sin aquella persona, con o sin aquella situación, con o sin aquella cosa. La vida siempre nos devolverá aquel amor que dimos de alguna forma, por alguna persona o mismo a través de Dios.

Publicado por Mariano Cardillo

Soy empleado administrativo y trabajo como marketero digital a medio tiempo. Practico meditación Raja Yoga en Buenos Aires, Argentina.

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