Desapego y amor, ambas caras de la felicidad

No es necesario estar apegados a aquellas personas que amamos, es más, muchas veces el miedo y la inseguridad de la cuál están teñidas las emociones que experimentamos hacia nuestros seres más cercanos pueden alejarnos de la felicidad en nuestra relación con ellos. La base, desde un punto de vista espiritual, es el desapego hacia nuestro propio cuerpo y las relaciones del cuerpo que nos tocó en este nacimiento.

Foto, fuente: Pixabay

Hace poco asistí a la clínica dónde estaba naciendo un ser muy cercano, y experimenté la felicidad sublime que proporciona la llegada de una nueva alma a mi «círculo de amor». Así lo describía una amiga que en ese momento era muy cercana.

Cargar a un bebé es cómo tomarse un recreo de la vida. Pronto se olvidan todos los problemas y entramos en comunión con el silencio directamente de alma a alma.

Estar cerca de un niño, genera ese sentimiento de cuidado desinteresado, un aprendizaje que para aquellos que están en tal circunstancia tan de cerca, cómo lo es para mí, nos hace encontrarnos de cara a una experiencia que nunca nos hubiéramos imaginado. Es sentir la vida de forma directa y cómo una bendición.


Tal es así, que todo lo que había planeado, incluso cuándo el recién nacido no sea directamente de mi carne, me impulsó a replanteármelo, con el fin de acompañar a esa vida, esa vida en estado puro, para facilitar que crezca en un ambiente sano y libre de las consecuencias de los errores que los mayores cometemos por no saber usar la libertad de la que hemos sido dotados por El Creador.


Por fortuna, los niños parecen venir con un campo de fuerza que los protege de los malos hábitos y conductas de quienes los rodean, cómo si estuvieran en otra sintonía, solo pujando por crecer y ser toda la vida que pueden ser en potencia, y que incluso traen de otros nacimientos.

De vida en vida, creo yo, vamos transmitiendo esas conductas y el resultado de esos hábitos, y lo reflejamos en las acciones, pero de niños, los demás parecen experimentar que somos cómo una  hoja en blanco, más o menos hasta el 5to año. Y así lo creen también los practicantes de la meditación Raja Yoga.

En definitiva, el nacimiento de un nuevo niño es un éxito de los padres, y una muestra de compasión de la naturaleza, que provee una vida de felicidad en potencia con la capacidad de curarnos a nosotros mismos, tanto si somos los que recién nacimos, o si nos toca relacionarnos con uno en nuestra familia o vínculos.

Publicado por Mariano Cardillo

Soy empleado administrativo y trabajo como marketero digital a medio tiempo. Practico meditación Raja Yoga en Buenos Aires, Argentina.

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